La Cumbre Climática de África 2025 en Adís Abeba se centró en acelerar las soluciones climáticas globales. Desde su primera edición en Nairobi en 2023, la narrativa ha cambiado. La historia del continente ya no es una historia de victimización. Este año, África demostró que puede ser un actor activo, inversor, contribuyente y líder en innovación para lograr soluciones climáticas globales. Sin embargo, el elefante en la habitación persiste: desbloquear la financiación climática y una agenda verde que realmente satisfaga las necesidades de la población africana.
Por Abigael Kima, Oficial de Proyectos del Programa Voces por una Acción Climática Justa
África cuenta con abundantes recursos renovables, una población joven y dinámica y un creciente impulso político para un futuro verde. Pero el déficit de financiación, la fractura de los mercados de carbono y las desigualdades estructurales amenazan con frenar el avance del continente.
La cumbre de este año concluyó consolidando ambiciosos instrumentos financieros y vías de inversión. Al mismo tiempo, persisten los desafíos de la justicia climática. ¿Cómo se traducen estos miles de millones en financiación accesible y equitativa para los pueblos indígenas y las comunidades locales que siguen siendo los más afectados por los impactos climáticos, pero que se encuentran al margen de los flujos financieros?
Hoja de ruta de Bakú a Belém hacia 1.3T
En la Cumbre Africana sobre el Clima, la Hoja de Ruta de Bakú a Belém fue un tema clave de debate. Este plan global busca recaudar al menos 1.3 billones de dólares estadounidenses en financiación climática al año para 2035, con el fin de ayudar a los países en desarrollo a financiar un crecimiento bajo en carbono, fortalecer la resiliencia climática y poner en marcha sus planes climáticos nacionales. Hasta la fecha, solo se han prometido 300 000 millones de dólares estadounidenses en la COP29, una cifra significativamente baja considerando la ya menguante base financiera para la adaptación y la resiliencia de las naciones africanas que siguen lidiando con los graves impactos de la crisis climática.
Si bien se está produciendo un cambio radical en el debate sobre la movilización de financiación climática, este cambio conlleva riesgos, como el énfasis en la necesidad de financiación privada. Esto podría debilitar los principios fundamentales del Acuerdo de París, como el principio de que quien contamina paga. Otra preocupación es que los inversores privados no están alineados con la justicia climática, lo que conlleva el peligro de convertir proyectos vitales de adaptación en productos comercializables. Por lo tanto, la financiación pública sigue siendo fundamental; sin ella, la mayoría de los proyectos cruciales de adaptación quedarán sin financiación.
Mercados de carbono inclusivos y energía justa
La demanda de mercados de carbono también está creciendo como una forma de desbloquear la financiación climática. Esto pone a los movimientos de la sociedad civil en una encrucijada, ya que se está convirtiendo gradualmente en una conversación clave para desbloquear la financiación climática crucial. Se expresaron inquietudes sobre la fijación de precios injustos, la distribución de beneficios donde las comunidades reciben la mayor parte de los recursos y la gran fragmentación y lentitud de los mercados. Lo que sigue siendo fundamental es que los mercados de carbono apoyen verdaderamente los medios de vida, a la vez que desbloquean la financiación necesaria para la adaptación y la resiliencia de las comunidades más vulnerables.
El sector energético también expuso profundas contradicciones en la cumbre. Muchas voces coincidieron en que la energía no es un negocio, sino un derecho, y debe considerarse un bien público. Sin embargo, iniciativas emergentes como la Misión 300 del Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo (que busca conectar a 300 millones de africanos a la electricidad para 2030) también corren el riesgo de aumentar la demanda de gas para cocinar de forma limpia, en lugar de impulsar opciones de energía renovable. Surgieron dudas sobre la cocina eléctrica y si es adecuada para el mercado africano, donde no se invierte en infraestructura de red eléctrica para cocinar. A nivel comunitario, el llamado fue claro: África debe comprender sus propios sistemas, invertir en el conocimiento local y encontrar soluciones locales.
Lo más destacado de esta cumbre es que África está comenzando a movilizar recursos financieros a nivel interno. Los bancos africanos de desarrollo y los bancos comerciales, en el marco de la Iniciativa de Industrialización Verde de África (AGII), firmaron un marco que busca movilizar cerca de 100 000 millones de dólares para la industrialización verde en todo el continente. Además de las energías limpias, impulsan industrias que generan empleos verdes, valor añadido para los recursos africanos y una reducción significativa de los modelos extractivos e injustos. Para lograrlo, los gobiernos deben tomar la iniciativa, formulando políticas y perfeccionando las regulaciones. Es importante que la población joven de África ocupe un lugar central, pero solo si cuenta con las competencias adecuadas.
Pero persisten obstáculos: África aún importa la mayor parte de su tecnología de energía renovable y exporta materias primas, manteniendo así su infraestructura colonial. Sin una mirada interna y la transformación de estas estructuras, prevalecerá la competencia entre grandes potencias como China y Estados Unidos por minerales críticos. Brian Kagoro, de Open Society Foundations, lo expresó sin rodeos en uno de los paneles: «La liberación no puede surgir de ideas preconcebidas. Si África se toma en serio la industrialización verde, debe invertir en sus propios centros de investigación, universidades e instituciones públicas, a la vez que crea un acervo de capacidades e innovación africanas. El continente no puede limitarse a consumir tecnologías extranjeras; también debe convertirse en productor de ideas, productos y liderazgo en la economía verde».
Reformulando la financiación climática
Más allá de los debates de alto nivel, la cumbre también nos recordó que la financiación climática debe llegar a las comunidades desde la base. Las grandes promesas sirven de poco si el dinero no llega a quienes se enfrentan a las crisis climáticas a diario. Iniciativas como el Mecanismo de Subvenciones de Siguiente Nivel, bajo el Voces por una acción climática justa El programa VCA muestra la posibilidad de apoyar directamente a grupos y movimientos locales. Este tipo de mecanismos ayuda a las comunidades a diseñar e impulsar sus propias soluciones, garantizando que la financiación climática no se limite a flujos financieros globales, sino también a pequeñas subvenciones que transforman vidas en la práctica.
Al final, la cumbre destacó tanto la oportunidad como la urgencia. África cuenta con abundantes recursos renovables, una población joven y dinámica y un creciente impulso político para un futuro verde. Sin embargo, la brecha financiera, los mercados de carbono fragmentados y las desigualdades estructurales amenazan con frenar el avance del continente. El camino a seguir no consiste solo en recaudar más fondos, sino en redefinir cómo las finanzas y la industrialización funcionarán para África. Esto implica mantener las finanzas públicas como eje central, cuestionar los modelos de financiación privada, garantizar la justicia e invertir en el potencial intelectual e industrial de África.


