Cómo los hogares encabezados por mujeres soportan los costos ocultos de la crisis climática
Una nueva investigación revela una injusticia sistémica e invisible: las mujeres y las familias de bajos ingresos en todo el Sur Global están pagando los costos reales de la crisis climática; no los gobiernos ni las corporaciones más responsables de las emisiones.
Hivos y sus socios locales en Brasil y Zambia realizaron una investigación de métodos mixtos con 236 hogares para comprender mejor cómo el cambio climático está transformando la vida cotidiana, los presupuestos, el bienestar emocional y las estrategias de supervivencia. Los hallazgos revelan una profunda realidad económica y de género: los impactos del clima impactan directamente en los hogares, y las mujeres están asumiendo los costos mediante el cuidado no remunerado, el aumento de los gastos, la pérdida de ingresos y las deudas recurrentes.
Esta es la “factura climática oculta”: un subsidio no contabilizado que se paga con el cuerpo, el tiempo y el trabajo no remunerado de las mujeres.
Las principales conclusiones:
- Los hogares en Zambia gastan entre el 10 y el 30% de sus ingresos anuales en recuperarse de las crisis climáticas.
- Las mujeres de la economía informal de Brasil pierden hasta el 40% de sus ingresos mensuales durante fenómenos meteorológicos extremos.
- El 58% de los hogares se saltan comidas después de las crisis climáticas y las familias a menudo se endeudan para afrontarlas.
- Estos costos no están incluidos en la planificación climática nacional, en la presupuestación ni en los sistemas globales de financiamiento climático.
El trabajo no remunerado de las mujeres y los costos domésticos están aumentando
Los fenómenos meteorológicos extremos obligan a las mujeres a reconstruir sus hogares, conseguir alimentos, cuidar de sus hijos y ancianos, y a adaptarse sin apoyo institucional. Están modificando sus rutinas diarias, absorbiendo los impactos con sus propios recursos y soportando la carga mental y emocional de la incertidumbre.
Las estructuras climáticas y económicas existentes refuerzan los desequilibrios de poder
Los menos responsables del cambio climático (mujeres, trabajadores informales, familias rurales, mujeres jóvenes y niñas) son quienes más pagan por la adaptación y la supervivencia. Mientras tanto, las corporaciones de combustibles fósiles siguen lucrando, y los presupuestos públicos son insuficientes para abordar la magnitud de las pérdidas a nivel de los hogares.
Los sistemas actuales de financiación climática son inadecuados para las realidades de primera línea
La mayor parte del financiamiento climático se centra en la mitigación, las grandes instituciones y la lentitud de las burocracias. El gasto de los hogares es invisible en los presupuestos públicos y en los marcos de negociación global. Las mujeres ya están realizando la labor de adaptación, pero sin recursos, reconocimiento ni poder de decisión.
A la luz de estos hallazgos, presentamos las siguientes recomendaciones para garantizar que la factura del clima ya no la paguen las comunidades más marginadas y económicamente vulnerables.
Para los gobiernos nacionales
- Adoptar marcos de proyectos de ley sobre el clima para identificar, rastrear y reasignar los costos climáticos a nivel de los hogares.
- Integrar la presupuestación con perspectiva de género en la arquitectura de financiación climática y en los planes nacionales de adaptación.
- Redirigir los subsidios a los combustibles fósiles hacia la resiliencia, los sistemas de cuidado y la adaptación liderada por la comunidad.
- Asignar fondos directamente a iniciativas de base y lideradas por mujeres a través de mecanismos simplificados y de acceso rápido.
- Establecer sistemas obligatorios de información pública sobre pérdidas, costos y necesidades de adaptación a nivel de hogares.
Para las instituciones internacionales de financiación climática
- Reconocer el gasto de los hogares en adaptación climática como un indicador central de necesidades insatisfechas e incluirlo como criterio para la asignación de financiamiento climático, no solo como métricas basadas en procesos vinculadas al Objetivo Mundial de Adaptación.
- Ampliar y simplificar las ventanas de acceso directo para organizaciones lideradas por mujeres, comunitarias y locales.
- Reformar la gobernanza del Fondo Verde para el Clima y mecanismos similares para garantizar una participación significativa de los movimientos de base y las comunidades de primera línea.
- Apoyar la cancelación de deuda, las reestructuraciones parciales y los modelos innovadores de financiación combinada vinculados a inversiones climáticas inclusivas y centradas en la justicia, alineadas con los proyectos de ley sobre el clima.
Esta COP debe ser el punto de inflexión
Mientras los líderes mundiales se reúnen en Belém, una de las regiones más expuestas al cambio climático del planeta, la realidad ya se está desplegando mucho más allá de las salas de negociación. Las mujeres pagan esta crisis con hambre, deudas, cuidados no remunerados, cuerpos exhaustos y futuros postergados, mientras las familias reconstruyen sus vidas una y otra vez. El verdadero costo de la inacción climática no se mide en indicadores globales, curvas ni objetivos de carbono, sino en los sacrificios cotidianos de supervivencia que se realizan en los hogares.
La COP30 debe ser un punto de inflexión: donde los gobiernos dejen de externalizar las consecuencias de la crisis climática a las mujeres y los hogares de bajos ingresos, y comiencen a exigir cuentas a los máximos responsables. Finalmente, los Proyectos de Ley Climáticos no son solo una innovación política; son una obligación de justicia. La transición debe ser rápida, justa y financiada, y ninguna mujer debería tener que pagar jamás por la crisis climática con su trabajo ni con el futuro de sus hijos. Si la financiación climática no llega a las mujeres y las familias, la acción climática ha fracasado.
Así que nos preguntamos de nuevo: ¿Quién paga las facturas del clima?
