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Proyectos de ley sobre el clima

Foto: Thaigon Arapiun

Proyectos de ley sobre el clima

Cómo los hogares encabezados por mujeres soportan los costos ocultos de la crisis climática

Una nueva investigación revela una injusticia sistémica e invisible: las mujeres y las familias de bajos ingresos en todo el Sur Global están pagando los costos reales de la crisis climática; no los gobiernos ni las corporaciones más responsables de las emisiones.

Hivos y sus socios locales en Brasil y Zambia realizaron una investigación de métodos mixtos con 236 hogares para comprender mejor cómo el cambio climático está transformando la vida cotidiana, los presupuestos, el bienestar emocional y las estrategias de supervivencia. Los hallazgos revelan una profunda realidad económica y de género: los impactos del clima impactan directamente en los hogares, y las mujeres están asumiendo los costos mediante el cuidado no remunerado, el aumento de los gastos, la pérdida de ingresos y las deudas recurrentes.

Esta es la “factura climática oculta”: un subsidio no contabilizado que se paga con el cuerpo, el tiempo y el trabajo no remunerado de las mujeres.

Proyectos de ley sobre el clima: investigaciones y recomendaciones políticas
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Las principales conclusiones:

El trabajo no remunerado de las mujeres y los costos domésticos están aumentando

Los fenómenos meteorológicos extremos obligan a las mujeres a reconstruir sus hogares, conseguir alimentos, cuidar de sus hijos y ancianos, y a adaptarse sin apoyo institucional. Están modificando sus rutinas diarias, absorbiendo los impactos con sus propios recursos y soportando la carga mental y emocional de la incertidumbre.

Las estructuras climáticas y económicas existentes refuerzan los desequilibrios de poder

Los menos responsables del cambio climático (mujeres, trabajadores informales, familias rurales, mujeres jóvenes y niñas) son quienes más pagan por la adaptación y la supervivencia. Mientras tanto, las corporaciones de combustibles fósiles siguen lucrando, y los presupuestos públicos son insuficientes para abordar la magnitud de las pérdidas a nivel de los hogares.

Los sistemas actuales de financiación climática son inadecuados para las realidades de primera línea

La mayor parte del financiamiento climático se centra en la mitigación, las grandes instituciones y la lentitud de las burocracias. El gasto de los hogares es invisible en los presupuestos públicos y en los marcos de negociación global. Las mujeres ya están realizando la labor de adaptación, pero sin recursos, reconocimiento ni poder de decisión.

A la luz de estos hallazgos, presentamos las siguientes recomendaciones para garantizar que la factura del clima ya no la paguen las comunidades más marginadas y económicamente vulnerables.

Para los gobiernos nacionales

Para las instituciones internacionales de financiación climática

Esta COP debe ser el punto de inflexión

Mientras los líderes mundiales se reúnen en Belém, una de las regiones más expuestas al cambio climático del planeta, la realidad ya se está desplegando mucho más allá de las salas de negociación. Las mujeres pagan esta crisis con hambre, deudas, cuidados no remunerados, cuerpos exhaustos y futuros postergados, mientras las familias reconstruyen sus vidas una y otra vez. El verdadero costo de la inacción climática no se mide en indicadores globales, curvas ni objetivos de carbono, sino en los sacrificios cotidianos de supervivencia que se realizan en los hogares.

La COP30 debe ser un punto de inflexión: donde los gobiernos dejen de externalizar las consecuencias de la crisis climática a las mujeres y los hogares de bajos ingresos, y comiencen a exigir cuentas a los máximos responsables. Finalmente, los Proyectos de Ley Climáticos no son solo una innovación política; son una obligación de justicia. La transición debe ser rápida, justa y financiada, y ninguna mujer debería tener que pagar jamás por la crisis climática con su trabajo ni con el futuro de sus hijos. Si la financiación climática no llega a las mujeres y las familias, la acción climática ha fracasado.

Así que nos preguntamos de nuevo: ¿Quién paga las facturas del clima?

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