Las voces en torno a la adaptación al cambio climático a menudo se han visto dominadas por cambios en las políticas y los responsables de la toma de decisiones en los gobiernos, y en ocasiones, la participación ciudadana es mínima. Si bien este cambio supone una medida enorme a nivel mundial para mitigar la crisis climática actual, la mayoría de los ciudadanos en la base de la pirámide siguen lidiando con la inseguridad alimentaria, desastres ambientales como sequías e inundaciones, y la falta de acceso a recursos que les permitan asegurar sus medios de vida, como la energía limpia.
En pocas palabras, la mayoría de los ciudadanos del África subsahariana soportan una carga cada vez más pesada como consecuencia del cambio climático.
Sin embargo, hay esperanza. En Kenia, Uganda, Burkina Faso y Etiopía, las comunidades y los promotores del cambio están evolucionando rápidamente y adoptando nuevas tecnologías, especialmente en culturas donde al principio la resistencia fue bastante alta. Destacamos historias de cómo el biogás está generando energía en los hogares, restaurando suelos áridos y transformando vidas en zonas rurales y periurbanas.
Ahora me llaman 'clero avanzado' del medio ambiente.
Paul Kigundu proviene del distrito de Mukono en Uganda, donde vive con su familia en una granja de medio acre.
Posee uno de los biodigestores más grandes de su región, de 12 metros cúbicos de profundidad, para obtener suficiente gas para su consumo doméstico y comercial. Tras una larga trayectoria de dependencia de la leña y el carbón para su iluminación y cocina, Paul nunca se arrepintió de recibir información sobre biogás de su amigo.
Afirma que su motivación para instalar el biodigestor se debió en parte al subsidio gubernamental existente, los beneficios sanitarios y económicos, el ahorro de combustible y la cocina limpia. La planta le costó 2 millones de UGX (equivalentes a USD 523) —de los cuales 600,000 UGX (equivalentes a USD 523) fueron subsidios del gobierno—, en forma de tres sacos de cemento, 800 ladrillos y tres tuberías de PVC. Añade que su convicción de los beneficios del biogás lo habría impulsado a invertir en la planta incluso sin el subsidio.
Además de usar biogás para cocinar e iluminar, el efecto dominó de esta tecnología en su hogar ha evolucionado hasta el uso de biopurines como abono y fuente de ingresos. Utiliza un total de 600 bidones, equivalentes a 12 000 litros mensuales de biopurines, en la finca para mejorar su cultivo de plátanos y frutas, y vende parte como abono orgánico. Adquirió el conocimiento sobre biopurines de los promotores locales de biogás y lo ha estado utilizando durante los últimos ocho años. El biopurín ha aumentado el rendimiento de sus cultivos.
La instalación de biogás fue una decisión acertada
Philomena Njoki vive en un terreno de una hectárea en el condado de Kiambu, Kenia. Descubrió el biogás gracias a la cooperativa local Ndumberi Coffee Farmers Factory, con la ayuda de una empresa de construcción de biogás de su localidad.
La instalación de la planta le costó 100.000 chelines kenianos (1,000 dólares estadounidenses), de los cuales 70.000 chelines kenianos (700 dólares estadounidenses) los obtuvo como préstamo de su Cooperativa de Ahorro y Crédito (SACCO).
Un día típico de Philomena cuando utiliza biogás consiste en alimentar el biodigestor con estiércol de vaca y desechos de cerdo, una actividad que consume menos tiempo en comparación con una era anterior en la que se utilizaba leña para satisfacer sus necesidades de combustible.
Ella indica que el gas es suficiente para cocinar tres veces al día y atribuye además que la cocina ahora está más limpia e higiénica desde que comenzó a utilizar biogás.
Como productora de café, ha explorado el uso de biopurines en su finca para mejorar los rendimientos y diversificarse hacia otros cultivos que puedan duplicar sus ingresos.
El biogás tiene un triple beneficio
Asefa Badessa reside con su esposa y sus seis hijos en un terreno de 6 hectáreas en la región etíope de Oromia. Su primer contacto con la tecnología fue cuando vio el biodigestor recién instalado en la finca de su vecino. Procedente de un contexto donde se utilizaban residuos agrícolas, estiércol, leña y carbón vegetal para generar energía, comprendió la conveniencia de usar biogás para cubrir las necesidades energéticas de su hogar.
Su planta de biogás le costó 12,000 birr (equivalentes a 420 USD), de los cuales recibió 6,000 birr (equivalentes a 208 USD) de un subsidio del gobierno. El resto de los fondos los obtuvo mediante un préstamo.
Un día típico en Asefa consiste en llenar el biodigestor con 25 kg de estiércol de vaca y agua. Como resultado, se utiliza el gas tres veces al día, suficiente para cubrir las necesidades familiares.
Él prefiere el biogás a otras fuentes de energía debido a su naturaleza multipropósito, que va desde el biopurín para la granja, que ha aumentado la productividad de los cultivos, cocinas y entornos de cocción limpios e higiénicos, sin problemas respiratorios y un amplio ahorro de tiempo.
Los biopurines han devuelto la fertilidad a nuestros suelos
Oulézane Siabi es un agricultor de Burkina Faso que lleva unos 30 años dedicándose al cultivo de algodón, maíz, mijo, sorgo y hortalizas. También cosecha estos productos para alimentar a su extensa familia, compuesta por tres esposas y dieciocho hijos.
Descubrió el biodigestor gracias a uno de sus vecinos y tras comprobar sus múltiples beneficios decidió instalar dos digestores para cocinar, iluminar y aprovechar en agricultura ecológica -a través de biopurines- como fertilizante y plaguicida.
Sus dos biodigestores producen 96 toneladas de compost al año, lo cual resulta muy útil para la producción de hortalizas. Esto le ha permitido obtener ingresos por la venta de hortalizas de 150,000 CFA (equivalentes a 250 USD) por cosecha. Gracias a estos ahorros, ha podido comprar dos motobombas para su finca.


