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Fotografía cortesía de SIDOC

Sistemas alimentarios para la paz: Alianzas que transforman territorios

En la Fundación SIDOC, creemos que la paz se construye en la vida cotidiana, en los barrios y en las pequeñas decisiones que transforman la vida de las personas. La ciudad de Cali, capital del Valle del Cauca y epicentro del programa Futuros Urbanos, ha sido el lugar donde esta convicción se ha puesto en práctica. Aquí, apoyamos a comunidades y jóvenes que, en contextos sociales y territoriales complejos, están creando nuevas oportunidades para imaginar y construir un futuro diferente, transformando el sistema alimentario de la ciudad en uno más inclusivo, resiliente y sostenible.

Por: Rocío Gutiérrez Cely, Directora de Construcción de Paz e Intervención en Violencias de la Fundación SIDOC, un socio en nuestro programa Futuros Urbanos.

Nuestra colaboración con Hivos profundizó el diálogo sobre la relación entre los sistemas alimentarios y la consolidación de la paz. Este intercambio nos ayudó a reconocer que la forma en que se producen, distribuyen y acceden los alimentos está estrechamente vinculada a dinámicas de poder, exclusión y conflicto. Al mismo tiempo, también puede brindar oportunidades concretas para la transformación social arraigada en los territorios locales. Desde esta perspectiva, los sistemas alimentarios emergen como un poderoso punto de partida para fortalecer la cohesión social y la justicia social.

Nuestro trabajo en Cali

Este enfoque impulsa el programa Futuros Urbanos. Solo en 2025, el programa fortaleció las capacidades técnicas, educativas y operativas de 15 jardines de la comunidad y séptima empresas verdes Trabajamos para transformar el sistema alimentario de Cali mediante prácticas sostenibles, solidarias y con arraigo territorial. Además de mejorar el acceso a los alimentos y los medios de vida, estas iniciativas se han convertido en espacios de colaboración y confianza en barrios históricamente afectados por la exclusión y la violencia, contribuyendo así a la creación de condiciones cotidianas para la paz.

Grupo de jóvenes en Colombia
Fotografía cortesía de SIDOC

Paralelamente, un educativo La campaña En dos escuelas públicas, se atendió a más de 90 estudiantes, fomentando la conciencia crítica sobre el derecho a la alimentación, la gestión ambiental y el impacto de las decisiones cotidianas. Otros 15 jóvenes participaron en el Laboratorio de ideas y promoción de políticas, donde se fortalecieron capacidades en análisis crítico, comunicación estratégica y participación ciudadana.

El papel de los jóvenes

Desde estos espacios, los jóvenes participan cada vez más en debates públicos y procesos de toma de decisiones relacionados con el sistema alimentario de Cali, incorporando sus voces, necesidades y propuestas a las discusiones a nivel de ciudad. Gracias al acompañamiento cercano del programa Futuros Urbanos, se les reconoce no como beneficiarios, sino como actores estratégicos capaces de proponer soluciones, impulsar la acción colectiva y sostener el cambio a largo plazo.

Esta trayectoria también representó un importante fortalecimiento institucional para la Fundación SIDOC. Futuros Urbanos nos ha permitido revisar nuestras prácticas internas, consolidar capacidades técnicas y estratégicas, y proyectar nuestro trabajo con una visión a largo plazo, fortaleciendo nuestra capacidad para responder a los complejos desafíos de los territorios donde trabajamos.

Las subvenciones implementadas en el marco del programa Futuros Urbanos han sido clave para ampliar el impacto y profundizar la colaboración con otras organizaciones. Más allá de los recursos financieros, estas alianzas se basan en la confianza y el aprendizaje compartido, lo que permite adaptar, cocrear y transferir capacidades entre contextos. También han ayudado a visibilizar y compartir las fortalezas desarrolladas a lo largo de más de 20 años de trabajo social en Cali.

Hoy reafirmamos que la construcción de la paz requiere alianzas que fortalezcan las capacidades locales y tejan redes de acción colectiva. Cuando existen oportunidades reales, la paz deja de ser una promesa y se convierte en un camino tangible hacia adelante, construido conjuntamente, desde las prácticas cotidianas y las realidades locales.

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