En Colombia, ser defensor de derechos humanos es una actividad muy arriesgada. En 2024, el país registró el mayor número de asesinatos de defensores de derechos humanos en el mundo. Según Front Line Defenders, se registraron 157 casos, junto con 88 ataques documentados y una preocupante tasa de impunidad del 90 %. Quienes defienden la tierra, los recursos naturales y los derechos de las comunidades afrocolombianas e indígenas enfrentan constantes amenazas que socavan su derecho a participar, expresar sus opiniones y decidir sobre su futuro.
En este contexto, proteger el espacio cívico —ese espacio común donde la sociedad puede expresarse libremente, organizarse y participar en la toma de decisiones que la afectan— es más urgente que nunca. A través de nuestra ¡Conectar, defender, actuar! En este programa, trabajamos para contrarrestar los intentos de restringirlo fortaleciendo a la sociedad civil en tres frentes clave: la formación de coaliciones, la producción de conocimientos y la acción colectiva.
Un encuentro para fortalecer la voz de las comunidades
Una conversación poco común, pero sumamente necesaria, sobre este tema tuvo lugar recientemente en Bogotá. La Mesa Redonda Multisectorial de Consulta y Diálogo, convocada por Cambio Sostenible Como parte de nuestro programa ¡Conecta, Defiende, Actúa!, reunimos a representantes de gobierno, sociedad civil, academia, organismos de control y agencias de cooperación internacional.
Su objetivo era claro: analizar el estado del espacio cívico de las organizaciones afrocolombianas e indígenas y acordar formas concretas para asegurar su participación efectiva en la formulación de políticas públicas.
“La coordinación de diversos actores interesados es esencial para que las comunidades étnicas participen en el desarrollo de políticas que les afectan directamente”.
Actas de la Mesa Redonda.
Una preocupante instantánea del espacio cívico
En 2024 y 2025, Cambio Sostenible realizó un estudio en el marco del programa Conectar, Defender, Actuar: "Monitoreo del Espacio Cívico Digital 2025". Este estudio midió el estado del espacio cívico en Colombia mediante una metodología desarrollada por Oxfam. Se evaluaron nueve factores clave, desde la libertad de expresión y el acceso a financiación hasta la seguridad y el bienestar, en una escala del 0 al 10.
La puntuación promedio fue de 4 puntos, es decir, un espacio cívico “reprimido” para las organizaciones afrocolombianas e indígenas. Las razones de esta puntuación incluyen:
- financiación escasa y burocracia excesiva
- amenazas persistentes contra líderes comunitarios masculinos y femeninos
- racismo impune en entornos digitales
- desigualdad sistémica que limita el acceso a los recursos y a los espacios de toma de decisiones
Una puntuación de 4 sobre 10 no es solo un número: refleja las barreras que las organizaciones afrocolombianas e indígenas enfrentan a diario para ejercer sus derechos. La falta de recursos, las amenazas constantes y el racismo impune, incluso en entornos digitales, demuestran que el espacio cívico colombiano no garantiza la igualdad de condiciones. Mientras estas realidades persistan, es necesario visibilizarlas y buscar soluciones colectivas.
La investigación como base para la acción
Contar con datos sólidos y un análisis riguroso nos brinda una herramienta estratégica para el cambio. El estudio "Monitoreo del Espacio Cívico Digital 2025" identificó y cuantificó el problema, identificó patrones, reconoció brechas y vislumbró las realidades que viven las comunidades afrocolombianas e indígenas.
Con esta evidencia sólida ahora podemos:
- Presentar alternativas viables para abordar los desafíos
- Formular recomendaciones basadas en hallazgos concretos
- Diseñar soluciones colaborativas que involucren a diversas partes interesadas
Este tipo de trabajo de monitoreo no sólo legitima las demandas de las comunidades, sino que también ofrece un punto de partida común para que los gobiernos, la sociedad civil y la cooperación internacional entablen un diálogo utilizando la misma base de información.
El valor de las alianzas estratégicas
La mesa redonda demostró que la defensa del espacio cívico no es responsabilidad de un solo sector. La presencia de la Defensoría del Pueblo, la Vicepresidencia, la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos, la Embajada de Noruega en Colombia, la Embajada de los Países Bajos, el Fondo Noruego para los Derechos Humanos, la Universidad de los Andes, la Defensoría del Pueblo de Bogotá, la Corporación para el Cambio Sostenible e Hivos demostró que la colaboración intersectorial es la mejor manera de encontrar soluciones sostenibles.
Los participantes no solo compartieron evaluaciones sino que también asumieron compromisos para priorizar departamentos críticos de Colombia como La Guajira y Chocó, promover la interacción entre autoridades étnicas y estatales, visibilizar periódicamente los avances y capacitar a las organizaciones sociales en incidencia política y gestión de recursos.
Uno de los acuerdos más ambiciosos fue la propuesta de crear, en 2026, el Foro Nacional de Gobernanza Ciudadana del Espacio Cívico Afroindígena, acompañado de una mesa técnica permanente que dé seguimiento a los compromisos y mantenga viva la conversación entre las comunidades, el gobierno y la cooperación internacional.
Recomendaciones para un espacio cívico más abierto y seguro
Con base en los hallazgos, se propuso una hoja de ruta con acciones clave
- Promover narrativas de paz y contrarrestar los discursos polarizadores
- Fortalecer las capacidades organizacionales en gestión, seguridad, financiamiento y rendición de cuentas
- Crear rutas de protección interinstitucionales para líderes sociales
- Garantizar la participación política con un enfoque interseccional, asegurando que las mujeres, los jóvenes y las personas LGBTIQ+, afrocolombianas e indígenas tengan voz en la toma de decisiones.
Proteger el espacio cívico implica proteger la democracia misma. Las voces afrocolombianas e indígenas no pueden simplemente ser escuchadas: deben ser protagonistas en la construcción de un futuro justo, seguro y pluralista.


